Entrevista a Santiago Saracca director escénico de La Margarita. La obra de la Compañía Golondrinas de Yeso se presentó el domingo 27 de marzo en el Centro Cultural Daniel Omar Favero.

Una forma de resistir con el cuerpo, la música y el teatro.

 

-Cómo y cuándo te involucraste en el proyecto del grupo.

Cuando me sumé al proyecto, ya algunos de los integrantes actuales de la Compañía tenían en mente la idea madre: un espectáculo sobre “La Margarita”, obra de sonetos escrita por Mauricio Rosencof en su encarcelamiento durante la dictadura uruguaya.[1] Fueron Bernardo Bogliano, Juan Rossi y Nico Marini los que imaginaron en principio  una versión escénica de “La Margarita”. Los textos de Rosencof rondaban en la cabeza de los muchachos hacia un tiempo. Los músicos -Bogliano, Marini, Palma, Juan Rossi, Pablo Tieri y Ulises Lezcano-  estaban ya trabajando con los recitados y los arreglos de las canciones.

El proceso creativo empezó para mí promediando el 2013 cuando fui invitado por mi prima (Rosario Palma, tecladista y acordeonista de la obra) a sumarme como director escénico. No conocía la obra así que lo primero fue leerla… Y quedé maravillado, emocionado por las imágenes, las escenas que describen los sonetos, la musicalidad de los versos… Fue como un regreso al barrio, la infancia y la adolescencia, el pueblo.

Era un trabajo que nunca había hecho antes (si bien desde hace años mi actividad como actor o director me llevó a fusionar teatro y música)[2] poner en escena una obra de poemas y un disco. Fue vertiginoso, enriquecedor, sobre todo movilizador, por la historia, por los relatos de Rosencof, por la música de Jaime (Ross) y por la diversidad de oficios artísticos en el grupo.

 

-¿Hicieron algún tipo de selección del material?

El trabajo se hizo en base al libro y al disco. Son 25 sonetos, quince de los cuales fueron hechos canción por Jaime Ross en 1993. Se decidió poner todo en escena: los sonetos hechos canción serían arreglados y tocados por los músicos en vivo, y los textos restantes serían recitados. La banda sumó además fragmentos instrumentales de otras canciones de Ross, “Piropo” y “Te quería decir”.

Pero a estos dos aspectos, el  poético y el musical, se decidió fundirlos en un montaje que fuera también teatral. Ahí es que termina de conformarse la idea final, nuestra propia versión de “La Margarita”.

 

-Es interesante la mirada desde donde encararon el trabajo sin traicionar el espíritu del texto y que se refleja también en las canciones; la frescura, la inocencia, el foco en el romance de barrio, más allá del contexto en el que fue escrito.

El único momento en que hacemos mención a cómo y dónde fueron concebidos los poemas es al inicio, antes de comenzar la función se lee el prólogo de Jaime Ross (que está en la última edición literaria de “La Margarita”) que enmarca el proceso de creación. Allí dice Jaime que una obra no debe ser descrita por las condiciones en que fue creada pero que, dada la excepcionalidad de las mismas, es imposible no mencionar ese contexto. La obra, al margen de su contexto de creación, es altamente valiosa por si misma.

Creo que esa espontaneidad latente en lo que se cuenta, esa perspectiva de la historia plenamente vital fue lo que nos cautivó. La comunidad de lo barrial, del vecino, de las esquinas como recoveco de la barra. Los mundos íntimos y fantásticos, la magia evocada en cada acción cotidiana.

Con ese universo literario como punto de partida, nos fue dado naturalmente continuar por ese camino. Seguir indagando en ese mundo, tan lejano y tan cercano a la vez para cada uno de nosotros. La música hizo el resto. Las melodías entrañables o festivas, los arreglos, la instrumentación, la diversidad de estilos y de géneros de las canciones, con raigambre latinoamericana e inmigrante.

 

 

¿Cómo fue tu experiencia, personal y colectiva durante el proceso creativo?

El primer ensayo al que me invitaron fui sin conocer a nadie más que a Rosario. Me contaron sus ideas, las  imágenes que les sugería la obra. Habían pensado en una actriz y bailarina de Capital  para el personaje de Margarita. Ella era Nahil (Gelené), así que al volver a Buenos Aires, nos reunimos y empezamos a trabajar juntos sobre sus intervenciones escénicas. No nos conocíamos pero enseguida nos entendimos, compartimos  imágenes, asociaciones. Sabíamos que era algo complejo; ella es la única que actúa plenamente, si bien (Juan) Rossi y los músicos encarnan también distintos personajes. Al mismo tiempo, se incorporó Agustina Bianchi, quien se hizo cargo del vestuario y la escenografía. Juntos nos pusimos a pensar en los objetos escenográficos, la estética; nos retroalimentamos el uno al otro. Le transmití la idea del espacio escénico: dividirlo en dos. Por un lado los músicos y el recitador en el escenario principal, enmarcado en un café-tablado y una esquina con farol; y por otro lado, entre el público, el jardín de Margarita, ambos espacios unidos por una pasarela con enredaderas y flores.

Cuando nos volvimos a encontrar al siguiente ensayo, ya todo era una algarabía creativa. Se sumaron otros profesionales como  Rama Galeliano en el diseño gráfico, Checha en la fotografía y Mariano Bazán en la técnica, que realizaron un enorme aporte para dinamizar el proceso creativo. Todo se fue amalgamando con sencillez. Las secuencias de recitados y canciones, los colores, las apariciones de Margarita, las acciones entre ella y Mauricio, los movimientos escénicos de los músicos. Todos fuimos aportando nuestras ideas para dar forma al espectáculo.

 

Hoy, habiendo vivenciado el hecho de hacer las funciones, estamos en un proceso de revisión del espectáculo, motivados por el deseo de encontrarla viva cada vez. En ese ida y vuelta con el espectador algo se nos siguió moviendo internamente. Esta obra -la de Rosencof, la de Jaime Ross y la nuestra- nos da esa posibilidad porque la contiene en si misma: es el recuerdo, son nuestras historias del barrio, de amor, de  amistad, nuestras memorias individuales y colectivas.

LaMarg1

 

 

www.facebook.com/golondrinasdeyeso/

 

[1] Los versos de La Margarita fueron escritos por M. Rosencof en un calabozo, donde permaneció secuestrado durante la dictadura uruguaya. Sólo con un pedazo de birome y hojas de armar cigarros concibió una historia de amor de barrio que le permitió evadir el encierro para juntarse con la barra de la esquina y con Margarita.

[2] Santiago es Co-director de El Agite Teatral (Elenco de Teatro de Escuelas Secundarias Públicas)

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